Muchas veces nos sumergimos en este mundo lleno de apuros, contratiempos, retos, preocupaciones que ni espacio le damos para hacer lo que a uno le hace feliz. Cuando rebobinas y observas tu vida caóticamente avanzando, puedes detenerte, respirar profundo y pensar si vale la pena continuar con esa actitud que te va enfermando.
Recuerda: siempre que tú decidas, puedes detenerte.
Recuerda: aportas más a este mundo desde un estado de quietud que de estrés.
Es solo darse cuenta. Si estás envuelt@ en este mundo de locos, de ciudad, de tráfico, de quejas, de competencia. Tienes la oportunidad de observar, lanzar una alerta y regresar al aquí y al ahora. Regresas al instante presente enfocándote en tu respiración, agradeciendo por estar viv@, decidiendo no invertir más tus energías en actitudes que te desgastan.
Hazlo como un juego, observa, ríete: “¡te atrapaste en ese juego de estrés!”, detente y busca estratégicamente formas de nutrir tu momento, tu alma. Puedes empezar recordando que la vida en realidad es maravillosa, llena de oportunidades, activa, creativa. Recordando que si estás atorado en un gran tráfico por ejemplo, tú también eres autor y co-creador de esa situación. Nadie se salva, todos estamos co-creando situaciones en todos los instantes, situaciones independientes o colectivas. Así, tomas parte de la responsabilidad de lo que estás viviendo, dejas de victimizarte y continúas desde la aceptación y el entendimiento.
Y ¿cómo empezar a transformar activamente las actitudes densas que nos enferman? siendo amables.
Siendo primero amable y considerado contigo mismo, regalándote pensamientos y momentos que aporten a tu bienestar emocional y físico. Y aunque estemos inmersos en esta sociedad rápida que muchas veces nos hace vivir como robots, podemos nutrir nuestra alma siendo nuevamente amables.
Amables al pensar, hablar, al mirar, al actuar, al comer, etc. Amables con el vecino, hermano, colega, alumno, maestro, extraño….
Ser amable te da estos grandes regalos:
· Te devuelve el poder de la gratitud
· Detiene el estrés acumulativo
· Te permite amarte y conocerte más sin juzgar
· Te permite convivir en ambientes más saludables
· Y cuando hay una ambiente saludable, las ideas y actitudes creativas pueden fluir
· Cuando eres amable desarrollas tu ser empático
· Ser amable te abre puertas
· Te expresas con más precisión y la gente te entendiende mejor
· Generas lazos de confianza
· Unes en vez de desunir
Y si observas bien, los peruanos somos bastante amables, solo que algunas veces nos olvidamos porque estamos cegados por la rutina y el estrés. Pero haz el ejercicio: Sonríe a extraños y te sorprenderás de lo fácil que es para nosotros responder o contagiarnos por esa sonrisa. Un trato cortés y amable siempre nutrirá tu corazón y el de los demás.
Nota importante: si te consideras una persona amable pero te molesta que los demás no lo sean… Detente y date cuenta que como percibimos todo a nuestro alrededor es reflejo de lo que somos internamente. Mi sugerencia es preguntarnos ¿la amabilidad que ofrezco al mundo es para manipular o es para expresar genuinamente mi ser feliz?. Si soy amable para manipular y esperar ser reconocido, es probable que exija que los demás sean amables conmigo. Si lo hago desde mi conexión pura conmigo y la divinidad, solo nos dedicaremos a ofrecer nuestra amabilidad sin esperar nada a cambio. Cuando compartimos nuestra amabilidad, separándolo de lo que nuestro ego pide, ni nos daremos cuenta que alguien no fue amable con nosotros. No lo verás de esa manera porque ni estarás pendiente de lo que los demás ofrecen si no en lo que tú estás ofreciendo al resto, de manera natural.
Recuerda, ser amable significa sintonizarse con el poder de la gratitud y con los que nos rodean de manera armoniosa.
A practicarlo sin esperar nada cambio, ¿lo intentamos?





